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domingo, 4 de septiembre de 2011

La Aspiración del Poeta

La Aspiración del Poeta
Gustavo M. Sala

Según Paúl Valéry la tarea del poeta es ciertamente penosa y fatigante, dolorosamente desmedida y poco valorada. Temo que coincido más de lo que quisiera. Es probable que la eternidad y el incierto devenir sean motivo, causa y consecuencia del poeta. Asumir la finitud es tarea de valientes, o alocados quizás. Vaya uno a saber... Se me ocurre intuir que el artista procura trascender a sí mismo a través de su obra. De ningún modo lo hace arropado por la soberbia o la pedantería, sino por el temor interno a su propio no ser. Vencer, aunque más no sea por un rato, a la inexistencia física y creadora, postergando al olvido el tiempo que el talento determine. Ese póstumo intento tendrá idéntico final que la misma vida terrenal. El no ser físico detentará su momento de descuento alrededor de su cohorte de afectos o desafectos; a medida que el devenir circule inexorable, tales pretensiones obtendrán idéntico resultado. La existencia de una supuesta y sospechosa franja trascendente es lo que inspira al poeta hacia el camino de esa lúdica eternidad. Extenderse a través de su obra asumiendo su vulgar fragilidad, continuar, rechazando el absurdo exterminio impuesto por obra y gracia de los dones infernales.

La tragedia de Unamuno y Shopenahuer; la resistencia estética contra lo inapelable; cuestionando con la pluma lo incuestionable, desnudando a la muerte de disfraces, mostrándola tal como es, perversa, irreducible. La muerte y su cruel sabiduría; la muerte y su real fundamento: “darle sentido a la vida”.

La inmortalidad al igual que la ausencia de riesgo sería la más cruel de las sanciones. Imaginemos por un rato la permanencia eterna de todas las cosas, de todas las gentes, de todas las alegrías, de todas las tristezas, de todos los bienes y males, de todas las fiebres, de todos los fuegos, de todas las heladas, de todas las muertes. Nada ostentaría auténtica jerarquía.

La finitud jerarquiza a la vida vistiéndola con espléndidos tules; el poeta no hace más que desentrañan ese laberinto barnizando sus detalles con sentido estético. La ciencia y el conocimiento le imponen al poeta su realidad; el arte su lucha, su aquiescencia.
El poeta implora por aquello que ve ultrajante y vejatorio, advirtiendo al mismo tiempo su arrebatadora entidad, completa de vital inspiración...
Sospecho pues que existir sin tener en cuenta el sentido trágico que la vida tiene constituye un irrespirable oxímoron...

“Muerte: Tu valor no es saber esperar,
eso constituye una simple e inevitable característica,
la única virtud tangible está en ir, de modo armonioso,
hacia tu arbitrario encuentro”

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jueves, 9 de junio de 2011

Independencia o Celular.

Si existe un elemento que define como ninguno la identidad de comienzos de milenio es el celular. La publicidad, dicen, marca tendencia, y las empresas que se dedican al desarrollo y distribución de esa tecnología empapelan avenidas, comercios y pantallas con agresividad despiadada en función de convencer al usuario que siempre se encuentra un paso atrás de donde debería estar y que de su “sensatez” depende no quedar al margen del universo comunicacional.

No voy a negar la practicidad del elemento y la importancia que tiene para eficientizar algunas tareas ahorrando costos y tiempo de gestión. En la actualidad un médico es ciento por ciento ubicable de manera inmediata; un viajante de comercio o un transportista solucionará su inconveniente mecánico sin tener necesidad de abandonar su vehículo a la vera de la ruta, en soledad, tratando de buscar un servicio técnico. La lista puntual de beneficios a favor de cada actividad es interesante y por demás extensa: Miles de retrasos contarán con justificación en tiempo y forma y cientos de arrepentimientos llegarán oportunamente. Lo cierto es que esos transcendentes y verdaderos beneficios no son tomados en cuenta para revelar su real eficacia: Mensajes de texto, fotografías, alarmas, llamadores de mal gusto, chistes, horóscopos, piropos y notorias desnudeces son el menú propuesto para no perder el tren de la modernidad.

Los programas de televisión de mayor audiencia, en sintonía con sus patrocinantes, promueven el uso de la tecnología a favor de elecciones ridículas y olvidables o a favor de concursos cuyos premios significan tangibles limosnas en relación con lo recaudado. Las empresas de telefonía, las empresas de celulares y los medios de comunicación coordinan un sinnúmero de estímulos a propósito de transformar un servicio, en un entretenimiento cuyas rentas son incalculables.
El celular ha clarificado el grado de tilinguería social y ha sabido mostrar apetencias y necedades. También ha colaborado para eficientizar el delito en todos sus aspectos: secuestros virtuales, mantenerse en contacto permanente para metodizar un atraco, coordinar una segura escapatoria o facilitar la ubicación de nuestro quinielero de confianza.

Como podemos ver, el celular no es en si mismo ni bueno ni malo. Es una herramienta mas en un mundo repleto de herramientas y cuya utilidad o inutilidad, buen uso o mal uso, dependerá del usuario. El televisor, el automóvil, un ordenador, la heladera, forman parte, entre muchos insumos, de una batería de bienes muebles que el mercado nos ofrece para nuestra comodidad.

Lo que me llama la atención en el grado de dependencia que el elemento de marras posee. Hablo de una observación generalizada en estaciones de autobús, en la vía pública, en auto transportes de pasajeros, en piletas de natación, en los estadios de fútbol, en las playas, en los senderos turísticos, en la cena, en el almuerzo., en el baño, en el colegio, en los velorios, en las puertas de cines y teatros. Estúpido de mi si no pensara que la tecnología avanzó en función de estar permanentemente conectado con el mundo que nos cobija más allá de nuestro hogar. Pero mi pregunta es simple y concreta ¿Es realmente imprescindible ese inmutable y endémico estado de conexión con un medio que suponemos nos necesita o nos debería mantener informados de todo lo que sucede?

Creo que, desde el punto de vista publicitario, esta premisa se presenta como una medrosa obligación de la modernidad, dejando flotando la sensación que quien omite tal producto resulta poco menos que un minusválido social.
Es probable que nuestra innata soberbia nos haya convencido de que la sociedad nos debe hallar prestos ante la urgencia y que sin nosotros no habría solución posible entendiendo que la universalidad corre serios riesgos de supervivencia. Velocidad e información son los indiscutibles valores del nuevo milenio.

Sabemos desde hace tiempo que información no es lo mismo que conocimiento; sabemos también que una catarata informativa culmina desinformando. Sumemos a esto velocidad y seremos productores y directores de nuestro propio video clip cotidiano, irracional, apurado, desmesurado, plausible de confusión y pensamientos iniciales, erróneos y fronterizos, ausentes del análisis adecuado y profundamente conformistas…. Es así y no se modifica dicen…

Estudios efectuados por sociólogos y antropólogos europeos, sobre todo escandinavos, sentenciaron que el celular pasó a ser un elemento con un alto contenido de dependencia y extremadamente estresante. Una suerte de adicción tecnológica que todavía no ha encontrado su nicho de equilibrio. Un insumo privado, impermeable y restrictivo.

Varias generaciones crecieron entre teléfonos fijos y públicos. Me cuesta creer que la esperanza de vida de la humanidad haya aumentado con el celular. Lo cierto es que gran cantidad de accidentes automovilísticos lo tiene como protagonista. Montarme en este último argumento para refutar su utilidad resulta una auténtica estupidez. Vuelvo entonces al equilibrio, aún reconociendo que es mucho más difícil hallarlo o descubrirlo que disfrutarlo una vez instalado.
Como crecí con aquellas generaciones no puedo encontrar en el aparato una utilidad personal que justifique su costo. Eso no significa que desprecie sus prestaciones. Todo lo contrario y quedó ratificado en renglones anteriores.

Temo que no me considero imprescindible para el mundo que me rodea; asumo con agrado que la velocidad no cuenta con mi adhesión. Tengo tiempo para la novedad y los estrenos. Nada apresura mis deseos y de aquello que deba ser advertido me enteraré tarde o temprano, y de la misma forma, sea bueno o malo, nunca voy a poder evitar lo que ya ocurrió.

Vivo en un pueblo de treinta manzanas, calles entoscadas y siestas prolongadas en plena llanura bonaerense. El celular ya forma parte del paisaje. En las bolsas para hacer las compras, en las cinturas de los jóvenes, en los bolsillos de los parroquianos, en las lunetas de las camionetas, en las mesas del boliche, en el club, en la sala de primeros auxilios, en las máquinas agrícolas, en los camiones, en los comercios… El celular logró instalarse como indumentaria… Presumo cierta desnudez de aquel olvidadizo que ignoró por un instante su presencia. Vivo en un pueblo de treinta manzanas, calles entoscadas y siestas prolongadas en plena pampa húmeda… Aquí el boca a boca, el chimento y la bicicleta llegan más rápido que la señal. Antropólogos y sociólogos verán este detalle como significativo… ¿Porqué razón teniendo la tangible y maravillosa posibilidad de comunicarse cara a cara se prefiere a tan excéntrico e incorpóreo intermediario?

Una misma persona, poder adquisitivo mediante, puede soportar estoicamente en sus bolsillos un aparato destinado a familiares, otro para fines laborales y un tercero para la trampa, el ocio y lo amigos. Dichas inversiones (crecimiento cuantitativo) aumenta en la misma medida que decrece la utilización de la línea familiar. Esto sucede mientras el inodoro, el bidet, el lavatorio y la bañera continúan siendo comunes a todos los integrantes del clan. No creo entonces que exista elemento tan distintivo y emblemático por estas épocas. Ha sabido potenciar su provecho e imprimir en el inconsciente social un estado de imprescindible utilidad, aún más allá de la sencillez o complejidad de la vida que cada uno lleva. Vivo en un pueblo de treinta manzanas, calles entoscadas y siestas prolongadas en medio de un concierto de ringtones.

Gustavo Sala
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viernes, 20 de mayo de 2011

Gustavo Sala ► La Pelusa en el Ombligo...

…En memoria de Osvaldo y Leónidas Lamborghini…

Huesos sin identificación aparente formaban colinas de residuos malolientes, por tanto, la vista resultaba tan poco atractiva como laboriosamente olvidable. Miles de centauros habían sido eficazmente asesinados sin que medien juicios ni alegatos; el orden, las cantidades y las mezclas de sus cuotas daban cuenta de la eficiencia del trabajo realizado por las fuerzas represivas defensoras del nuevo orden. Una vez más, en la historia de la humanidad, un genocidio para atender, entender, criticar y lamentarse en el futuro. Por el momento, el vocerío mediático asentía que el derrocado gobierno debía dimitir a como de lugar. Las recetas democráticas habían demostrado ser absolutamente inoperantes para tales fines contra una mayoría que ostentaba amplios rangos de firmeza ideológica y convicción político-militante. Desde los más destacados foros televisivos y radiales la vernácula “intelligentsia” daba a conocer su descontento, según propia percepción, por los claros signos de autoritarismo que mostraba la saliente administración elegida por el pueblo. Se afirmaba que todo aquel que acordaba con sus principios básicos lo hacía desde la renta o escondía amplios indicios de interés y corrupción. Los preclaros y prejuiciosos hombres del futuro, liberales y progresistas, no podían aceptar el regreso de la barbarie populista. La “intelligentsia” estaba nuevamente en riesgo por una chusma imprecisa, vocinglera, que amaba encontrar alguna redención, que gustaba de bailar y festejar en público, en las calles con las murgas, en los barrios, en las playas, escuchando un recital a cielo abierto o canturreando el himno con la pasión irreverente que marca un coro tribunero. La vida es el futuro, nunca es el hoy afirmaban los pensantes. El hoy es sólo una coyuntura que debemos aceptar entendiendo que lo único que nos queda por hacer es trabajar sumisamente para que el “Capital” se reproduzca exponencialmente y sus benefactores se fortalezcan de modo puedan otorgar a nuestros hijos alguna posibilidad o alternativa de vida. No era racional que ante la incertidumbre por venir y la ausencia de seguridad jurídica la plebe disfrutase con sospechosa desmesura, sin peajes, sin vergüenza, con los botones de la camisa desabrochados, volviendo a remojar las patas en la fuente, sintiéndose nuevamente parte de un colectivo real, de un nuevo social imaginario. Acaso la progresía y los libres pensadores no consideraban que el paso del tiempo, es decir el futuro, nos acercaba indefectiblemente a ese cadáver que alguna vez seremos. Desdentados y harapientos susurrando al “Indio” en Vencedores Vencidos, revoleando el poncho con la Sole, llorando a moco tendido mientras se entonaban las estrofas dolorosas de El Ángel de la Bicicleta.

No era posible… “Me tienen harto con la dictadura” afirmaba alguien que durante un buen tiempo estuvo dentro de un nicho tan conveniente como incómodo; hasta que por fin pudo salir del closet, gritar libertad, y defender lo que siempre fue de su interés. No se puede mentir a tanta gente durante tanto tiempo pensó; es hora de descollar y tomar la posta que me dejara el bueno de Bernardo. El gasto es un deseo indecoroso de los bárbaros en manos de los bárbaros y síntesis de progreso en manos de la ilustrada burguesía. El gasto es gasto en manos de la barbarie suburbana que se atreve a considerarse similar a la tierra que habita dejando sin billetes a nuestros cajeros y necesidades cotidianas. Sin embargo es consumo inteligente en manos de los que no se juegan la asignación a la quiniela, sino que se juegan el sudor y el hambre de los que no pueden esconder la pelusa en el ombligo a las patas de un caballo en las coquetas pistas de San Isidro… Me tienen harto con sus pañuelos blancos, sus ausencias, sus portarretratos baratos y sus lágrimas políticas… ¿Por qué no cuidaron a sus hijos, a sus nietos?... Los hijos de Ernestina son nobles y débiles, por eso desean perjudicarlos… Papel Prensa es mojón de nuestra mejor historia sentenciaba la “Naranja Mesiánica” publicitaria oficial del Apocalipsis… Hay que matar a esa yegua rezan los blogs… reteneme ésta… Se murió el tipo, es hora de ir por todo… Un certero y televisivo bofetazo seguido de una mentira operada vale como argumento para erosionar, desgastar, ocultar, engañar. El 24 de Diciembre la chusma inmigrante tomará el Parque Rosedal del porteño barrio de Palermo afirmaba convencido y con adusta dicción un económico correveidile, parlante muy bien patrocinado de una radio del Sur Bonaerense basado en sus pesquisas electrónicas de cabecera. - ¿Qué riesgo corre el pajero? – Afirmaba con sorna el escritor Oriental Eduardo Galeano – A lo sumo, recalcarse la muñeca… La pelusa en el ombligo no es signo ilustre para el burgués bien pensante. La Academia de Letras tendría que revisar ese perimido concepto que sostiene la existencia de lo Nacional y Popular. - Me tiene harto esta banda de ignorantes que se niegan a trabajar a favor de la intolerancia y el fastidio colectivo: Victor Hugo Morales, Galasso, Horacio González, Bayer, Mocca, Sasturain, Aliverti, Giardinelli, Paenza, Forster, Verbisky, Seoane, Dolina, Pigna, Carloto, Wainfeld, Gelman, Dorio, Feinmann, Halperín, Anguita, Heller… Parece que estos tipos no entienden que el miedo es una excelente noticia y que generalizar comportamientos absuelve de todo pecado cometido - La solución final… el exterminio… No era posible reiterar errores del pasado. Bradbury por un lado, Gurzos y Zarpos por el otro, como fuente de inspiración para que todo testimonio de la época se transforme en cenizas; los renovados y débiles oligopolios junto a sus dispuestos esbirros se encargarán gustosos de templar el horno hasta los F451 de eficacia. Mientras los mogotes de huesos postergaban su duermevela en las afueras de los centros urbanos, la rejuvenecida sensibilidad de la progresía, tanto liberal como de izquierda, reinstalaban con alborozo la idea de libertad como insoslayable paradigma de la modernidad. Una idea concluyente. A los conocidos incluidos y excluidos económicos se sumaban los visibles e invisibles sociales como nuevas categorías establecidas por la “intelligentsia” gobernante. Los que tienen siempre la palabra, pletóricos de albaceas y los que nunca podrán expresarse debido a que la voz volvió a detentar matrícula y propiedad determinada. La ley de Servicios Audiovisuales resultará una anécdota risueña en las mesas de la Sociedad Rural mientras que la Asignación Universal por Hijo dejará de motorizar vicios indecentes.

- Esos hijos de puta se iban a terminar chupando y jugando la guita de las retenciones. Hay que eliminar el subsidio y anular trompas…, total,… no se publican estadísticas que tomen en cuenta a los que están sometidos al abandono y al silencio. - Mientras no exista normativa podemos seguir esclavizando golondrinas - Continuar con aquel modelo hubiera resultado suicida - No podíamos seguir desperdiciando una coyuntura internacional tan favorable – El mundo “tiene hambre”... es la nuestra…

y murieron a millares,

los mejores murieron,

por una vieja ramera desdentada

por una civilización llena de remiendos…

el encanto de la bella boca sonriente,

los vivaces ojos, yertos bajo el párpado de la tierra

por dos gruesas de estatuas destrozadas

por unos pocos de miles de estropeados libros...

Ezra Loomis Pound
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"No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer y no ver el cordón umbilical que aparece a medida que todos los días nace una nueva Argentina a través de los jóvenes. No se lamenten los viejos de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila; porque siempre es así: se gana con los nuevos."

de

Pensamiento vivo

“La falsificación (de la historia) ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Mucha gente no entiende la necesidad del revisionismo porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la historia, destinada a privarnos de experiencia que es la sabiduría madre.”
(...) “Pero se sigue adoctrinando sistemáticamente en la enseñanza de la historia para lo cual los réprobos son los que defendían la soberanía y los próceres los que la traicionaban para fines institucionales.”
(...) “Ese es el gran problema argentino: es el de la Inteligencia que no quiere entender que son las condiciones locales las que deben determinar el pensamiento político y económico.”

“El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”
"Todos los sectores sociales deben estar unidos verticalmente por el destino común de la Nación (...) Se hace imposible pensar la política social sin una política nacional."

Arturo Jauretche

13 de noviembre de 1901 / 25 de mayo de 1974

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